Una creación deslumbrante: Dantza

Dantza

Autor: Javier Aramendia Gurrea

Acabo de ver por segunda vez la proyección de la película “Dantza”, presentada y premiada, ,en el último festival Zinemaldia de Donosti y obra en su gran mayoría de cineastas y danzarines vascos: los Esnal, Jauregui, Urbeltz, y en suma, una feliz conjunción entre un magnífico elenco de creadores en los campos de la dirección, la coreografía ,el guión, la música, la fotografía y unos intérpretes y equipos de excepción.

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La experiencia de este doble visionado ha sido inolvidable. Dantza  aparece, en principio, como en versión original en euskera, pero, dado que prácticamente no hay texto hablado, siendo todo una pura exhibición coreográfica y musical, se puede seguir perfectamente “en euskera”, incluso aquellos como yo, que básicamente por cuestiones de calendario, fuimos privados en nuestra infancia y juventud de tales conocimientos lingüisticos.

Bardenas, Leitza, Aranzazu

La cinta es, como ya habrán apreciado los numerosos asistentes en estas últimas semanas, una sucesión de impactantes y maravillosas secuencias coreográficas. Desde la primera escena, de una sobriedad sobrecogedora, a tono con el paisaje desolado, y que se ha rodado en nuestras Bardenas, hasta la última, sugerente de ecos clásicos del mundo grecoromano, encuadrada en un paraje y templete, que, según algún amigo, se encuentra en Santa Bárbara, colina erguida entre Zarauz y Guetaria; todo es pura magia .

Además de la danza, que ocupa lógicamente el más destacado papel en el relato, la música diría yo que no le va a la zaga, tal es su encanto y seducción. Es sin duda también protagonista destacada. La elección de escenarios, también, en Euskal Herria, es igualmente fundamental.

Algunas veces los creadores de Dantza han sido bastante discretos en identificar el marco en que se desarrolla el espectáculo coreográfico, tal como en la escena de los bailes femeninos en grupo a la vera de galerías o soportales arqueados, que solo permiten mostrar un mínimo trozo de la fachada de la basílica de Aranzazu, que lo delata.

Dantza exhibe orgullosa, como no podía ser menos, el folklore de Euskal Herria, pero diríamos que lo sublima, elevándolo a una categoría estelar. Son unas danzas que se nos antojan clásicas, intemporales, telúricas. Todo está alejado de un “espíritu de campanario”, para trascender buscando el entronque con lo universal.

Si tuviéramos que quedarnos con alguna secuencia concreta de Dantza nos encontraríamos en una situación embarazosa pues son tantas y tan brillantes la mayoría de ellas, que podríamos pecar de injustos, o de ignorantes, quizás, por no haber sabido apreciar el valor de aquellas no mencionadas, pero igualmente valiosas.

Puestos a elegir yo me quedaría con la primera, la de los “Cavadores” en el yermo, tratando de hacer brotar de una tierra, quizás avara o caprichosa, cosechas imaginarias a puro esfuerzo de voluntad. Supongo que sus creadores se han propuesto mostrar, cual personajes del Génesis, el origen de todo, dominando la tierra esquiva para iniciar la aventura histórica de la humanidad.

Es espectacular la explosión festiva de todo un pueblo enlazado comunitariamente en un rosario de hombres y mujeres, juventud, pero también madurez, que se desliza armónicamente, rebosante de salud y alegría por aquella calle festoneada de casas tan inconfundiblemente nuestras y bordeando el santuario de nuestro deporte nacional, de la pelota: el frontón. La figura del conductor y guía de esta cadena vibrante humana, el coreógrafo navarro, vascólogo insigne, y gran intelectual, José Antonio Urbeltz, está llena de señorío, ritmo, equilibrio y serena dignidad ¡inolvidable!.

La escena arriba comentada tiene para nosotros, navarros, un eco particular, pues desde el principio reconocemos ese marco tan inequívocamente vasconavarro, cual es la Villa de Leitza, cuna de tantos pelotaris, levantadores de piedra, aitzkolaris, y otros, así como de sencillas e ilustres familias distinguidas en singulares empeños.

Las escenas de Dantza bailadas del “pisado” y elaboración de la sidra con manzanas autóctonas de brillante colorido y sabrosos jugos son, también, descollantes, a mi juicio, admirándose la destreza y arte de los danzantes, que “bordan” con pasos de encaje su “cortejo” paciente de los vasos de sidra, rodeados de la admiración general.

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La escena final, en la pérgola o templete con sabor clásico, divisándose el mar en la lejanía, y vislumbrándose, también, las cercanas viñas que “amamantan” el txakoli, tiene una belleza virgiliana que brinda un espléndido colofón a una obra de arte que ha surgido del talento y esfuerzo de todos sus creadores y ejecutantes y que no dudamos quedará ya para siempre como un excelso exponente del alma vasca

Unicamente me queda ahora expresar mi entusiasta pero fundado deseo de que Dantza tenga un exitoso recorrido, no ya por las salas de cine de todo el Estado, sino también por el ancho mundo, ¡se lo merece!

Aquellos que no la hayan visto todavía, ¡no se la pierdan!

Javier Aramendía Gurrea es Abogado y Socio de Número de la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País

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